2 de noviembre de 2021
Argentina, 1985
El Palacio y los actores, protagonistas: Se filma en el Palacio una película sobre el Juicio a las Juntas.
A sus 40 años, el premiado guionista y director de cine Santiago Mitre encara uno de los proyectos más ambiciosos y desafiantes de su carrera: desde agosto, está rodando su nuevo largometraje “Argentina, 1985”, una ficción basada en el histórico proceso judicial que condenó a varios integrantes de las Juntas Militares por violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura.
Con un elenco que encabezan Ricardo Darín y Peter Lanzani (interpretando, respectivamente, a Julio Strassera y Luis Moreno Ocampo), la película -escrita por el propio Mitre junto con Mariano Llinás- comenzó a filmarse semanas atrás en Buenos Aires.
Gran parte de su desarrollo transcurre en el Palacio de Justicia, donde se rodaron varias escenas. De allí, el edificio rodeado de camiones y cables en los días previos, durante y después de la feria judicial de julio.
Uno de los escenarios reales en los que transcurre la acción es la sala de audiencias de la planta baja que albergó al emblemático juicio, hoy rebautizada Salón de los Derechos Humanos en conmemoración de aquel hecho.
“Hubiese sido imposible imaginar la película sin este espacio”, reconoce el realizador, y comparte algunas de sus impresiones y vivencias acerca del rodaje.
¿Cómo resultó la experiencia de filmar en el Palacio de Justicia?
La película es sobre la Justicia, sobre un momento trascendental de la Justicia. Y este espacio era fundamental para la construcción visual desde la cual queríamos acercarnos a la reconstrucción de ese hecho único que fue el Juicio a las Juntas, era nuestro gran espacio a retratar.
Queríamos que la ficción pudiera evocar la realidad del hecho con la contundencia que correspondía, para lo cual resultaba fundamental poder filmar en la sala de audiencias, los pasillos, las escalinatas de Talcahuano, incluso en la Plaza Lavalle y todo el entorno de Tribunales.
Afortunadamente encontramos interlocutores que lo entendieron y nos permitieron trabajar con mucha libertad y solidaridad en la utilización de los espacios. Fue muy emocionante estar allí recreando testimonios icónicos, inolvidables e históricos, poder reproducirlos en el mismo lugar donde sucedieron. Eso da una potencia que nos dejó conmovidos. La experiencia nos atravesó por completo a todos: actores, equipos técnicos, extras que estaban entre el público. Fue algo maravilloso.
¿Qué locaciones utilizaron y cuáles escenas se registraron allí?
Usamos diversas locaciones. Por un lado contábamos el trabajo de la fiscalía, por otro el de los jueces y las instancias que sucedían en la sala de audiencias. Filmamos en escalinatas, pasillos, halls, algunas oficinas de mesas de entradas, salas de reuniones, y en la plaza.
Las escenas principales son las que sucedieron en la sala de audiencias y que tienen que ver con la recreación del juicio, pero también mucho de lo que sucedía tras bambalinas de lo que era esa instancia pública: secuencias de la fiscalía, diálogos entre los magistrados... Se trabajó muchísimo, tuvimos entre 10 y 15 días netos de filmación. Todo el Palacio y sus alrededores eran centrales para contar la historia.
¿Qué desafíos técnicos, operativos y logísticos encontraron?
En principio, como se trata de un sitio declarado Monumento Histórico, debíamos tener mucho cuidado en cómo desenvolvernos técnicamente dentro del lugar, respetando la arquitectura, sin dañar nada y procurando retratar la magnificencia del edificio con todos los procedimientos que tiene el cine. Y, a la vez, sin entorpecer el funcionamiento del espacio laboral. Teníamos horarios concretos en los cuales podíamos trabajar. Estuvimos bastante durante la feria, cuando la actividad del Palacio se reduce un poco. Y nos manejamos mucho en los alrededores también. La fiscalía en sí fue reproducida en otro edificio de características similares. Sin dudas, el Palacio y la sala de audiencias son protagonistas al igual que los actores. Ese espacio está construyendo la historia con la misma carnalidad con la que lo hacen quienes les ponen el cuerpo a los personajes.
Hubiese sido imposible imaginar la película prescindiendo de las instalaciones del edificio, con toda su fuerza, su narrativa y su grandiosidad.
¿Cómo se prepararon para recrear el hecho con la mayor fidelidad posible?
Hicimos una extensa investigación antes de escribir el guión. Este fue un juicio particular en cuanto a sus procedimientos, por cómo estaba diagramado a partir de los decretos de Alfonsín y por su carácter oral y público. Tuvo instancias diferentes, condicionadas por la realidad o las urgencias políticas de la época.
Estuve cerca de dos años investigando y leyendo sobre cómo se habían desarrollado las distintas instancias del proceso, y contamos con varios consultores que nos supervisaron y nos fueron ayudando a que eso que la película narra de manera ficticia tuviera la mayor precisión técnica.
El cuerpo central del film es el trabajo de quienes llevaron adelante el juicio. Fiscales, jueces, y sobre todo testigos que durante tantas semanas fueron a exponer las atrocidades que habían sufrido, en un contexto en que los responsables directos de sus secuestros, torturas y amenazas estaban al acecho. La película es sobre todos ellos, y sobre ese espacio particular, el Palacio de Justicia y su sala de audiencias, que cobijó un hecho central de la Justicia argentina del cual todos estaremos siempre orgullosos.
