(Cuadernos
de Medicina Forense. Año 1, Nº3, Pág.167-187)
IDENTIFICACION EN DESASTRES DE MASAS
Por Graciela Eleta, Jorge Odzak, Luis Bosio y Rosario Alicia
Sotelo Lago
INTRODUCCION
Las expresiones
de violencia surgidas de la agresividad social y los fenómenos
devastadores ocasionados por los desastres naturales son
parte de la historia de la humanidad. Los grupos sociales
alcanzados por estas adversidades sufren la pérdida
de numerosas vidas humanas, la afectación en diverso
grado de la integridad psicofísica de sus integrantes
y también, probablemente, serios prejuicios en su
economía.
Cuando
la ocurrencia de esos hechos se desarrolla súbitamente
o en un período bien acotado de tiempo y los medios
de auxilio rutinarios resultan insuficientes, se ha producido
una catástrofe.
La medicina
moderna despliega un accionar específico frente a
estas situaciones. Con la participación de estructuras
gubernamentales planifica la asistencia mas inmediata que
sigue al rescate y las vías y destinos de derivación
de las víctimas.
A la organización
sanitaria se le requerirá agotar los esfuerzos asistenciales
que permitan salvar la mayor cantidad de vidas y encaminarlas
hacia la mejor rehabilitación posible.
La estructura
médico-legal oficial canalizará las exigencias
judiciales sobre: la magnitud y características del
daño corporal sufrido por los sobrevivientes, las
causas de la muerte y la identificación de quienes
perdieron sus vidas. Asimismo, deberá registrar e
informar todos los datos que el examen de las víctimas
pudiera proporcionar sobre las circunstancias del desastre.
El presente
trabajo es el análisis realizado por un equipo de
médicos forenses acerca de la experiencia del Cuerpo
Médico Forense del Poder Judicial de la Nación
frente a cuatro desastres de masas sobre los cuáles
fue preciso actuar durante los últimos nueve años.
Dos de
ellos fueron provocados por explosiones originadas en atentados
terroristas y los otros dos por accidentes aéreos.
Tal análisis
se centrará en uno de los aspectos fundamentales
del desenvolvimiento médico-legal ante un desastre
de masas como lo es la identificación de las víctimas
fatales, enfatizando las diferencias entre las distintas
estrategias metodológicas seleccionadas de acuerdo
al tipo de tragedia.
Tres de
las catástrofes aquí revisadas provocaron
en la gran mayoría de los casos lesiones contusas
de gran intensidad con amputaciones diversas y fragmentación
de los cuerpos. La restante se caracterizó por la
intensidad de las lesiones térmicas sufridas por
las víctimas. En todas ellas la identificación
constituyó el área mas conflictiva del quehacer
médico forense.
Los desastres
sobre los cuáles nuestro equipo reseña y sistematiza
su experiencia son las dos explosiones ocasionadas por atentados
terroristas, una de ellas en la Embajada de Israel en Buenos
Aires en marzo de 1992 y la otra en la Asociación
de Mutuales Israelitas Argentina (AMIA) en julio de 1994,
y dos accidentes aéreos, uno acaecido en el aeropuerto
de la ciudad de Buenos Aires el 31 de agosto de 1999 durante
el despegue de un avión de pasajeros de la línea
LAPA y otro ocurrido en las alturas del cerro Tupungato
en agosto de 1947 a un avión militar inglés
que efectuaba un vuelo civil desde Londres a Santiago de
Chile y cuyos restos fueron hallados a comienzos del año
2000.
Los dos
atentados terroristas constituyeron catástrofes del
tipo "abierto", pues afectaron a muchas personas
que casualmente visitaban esas instituciones o transitaban
por la calle. Los accidentes aéreos ofrecieron "listas"
de pasajeros, a pesar de lo cual presentaron enormes dificultades
identificatorias, por los procesos de carbonización
en un caso y por total fragmentación de los cuerpos
y los fenómenos de transformación debido al
tiempo transcurrido, en el otro.
La identificación
de personas fallecidas en los desastres de masas en los
desastres de masas ha generado considerables antecedentes
en la historia reciente de la Medicina Legal, reflejados
en la literatura médica internacional.
La revisión
de veinte episodios seleccionados suscita reflexiones sobre
distintos aspectos del proceso identificatorio como la primacía
de una u otra técnica de identificación, la
incorporación de nuevas alternativas metodológicas,
la utilización integrada de varias de ellas, y finalmente
sobre la eficiencia de la tarea identificatoria y su relación
con las particularidades del desastre.
En el siguiente
cuadro, el cual incluye las cuatro catástrofes que
son objeto de este trabajo, se vuelcan datos sobre dichos
aspectos, con énfasis en el resultado final expresado
en cantidad de personas identificadas.
Las veinticuatro
catástrofes consisten en trece accidentes aéreos
(nueve caídas en vuelo y cuatro incendios en pista),
tres incendios de naves de pasajeros en puerto o en mar,
tres tragedias de diversa índole como el incendio
ocurrido en un estadio, el acaecido por el vertido de accidental
de combustible y el ocasionado por la colisión de
un autobús de pasajeros en puerto o en el mar, tres
tragedias de diversa índole como el incendio ocurrido
en un estadio, el acaecido por el vertido accidental de
combustible y el ocasionado por la colisión de un
autobús de pasajeros, dos suicidios en masa, y tres
explosiones provocadas por atentados terroristas (una de
ellas que motivó la caída de un avión
en vuelo y los dos atentados que forman parte de nuestra
casuística).
El criterio
de selección de esta información bibliográfica,
que por otro lado abarca gran parte de lo publicado, obedece
al tipo de tratamiento médico legal que los hechos
han recibido, así como a la suficiente diversidad
de los efectos sobre las víctimas y al tipo de repercusión
social.
Los nueve
desastres aéreos ocasionados en caídas accidentales
en vuelo, tuvieron lugar en Abu Dhabi (1) en 1983, cuando
un avión de línea con mas de 100 pasajeros
cayó en el desierto, en Mejorada del Campo (2), en
noviembre de 1983, cuando un avión proveniente de
París realizaba maniobras de aproximación
al aeropuerto de la ciudad de Madrid con 184 personas de
quince nacionalidades diferentes.
Ver TABLA
I : Procedimientos de Identificación en Catástrofes
Nacionales e Internacionales (click
aqui)
Al estrellarse
contra una autopista cercana al aeropuerto de Dallas (3),
un avión de pasajeros que se disponía a aterrizar
en ese aeropuerto en agosto de 1985 provocó la muerte
de 137 personas.
En diciembre
de 1985, un avión militar que transportaba a 256
personas de las fuerzas armadas de EEUUU se estrelló
e incendió en un área boscosa de Gander, New
Foundland (4) Canadá, muriendo la totalidad del pasaje.
En Los
Cerritos (5), localidad muy cercana al aeropuerto de Los
Angeles, en agosto de 1986, la totalidad de los ochenta
y dos tripulantes de un avión que se acercaba para
aterrizar en ese aeropuerto cayó a tierra.
El accidente
aéreo del Monte Saint Odile (6) en Francia, tuvo
lugar en enero de 1992, cuando un avión procedente
de Lyon que se encontraba descendiendo con el objeto de
aterrizar en el aeropuerto de Estrasburgo chocó contra
ese monte con noventa y seis pasajeros a bordo de los que
sobrevivieron nueve.
En agosto
de 1996 una aeronave con 141 pasajeros rusos y ucranianos
a pocos kilómetros del aeropuerto de Spitsbergen
(7) en el archipiélago de Svalbard, Noruega, se precipitó
sobre un monte falleciendo todos sus ocupantes.
Un avión
civil chocó contra la ladera de un cerro en las islas
Filipinas (8) en febrero de 1998 provocando la muerte de
las ciento diez personas que transportaba.
Durante
el mes de enero del año 2000, una patrulla del ejército
argentino rescató del Cerro Tupungato, en Mendoza
- a 4000 mts de altura- los restos de un avión y
de fragmentos humanos que correspondieron a una aeronave
militar británica que realizaba un vuelo comercial
desde Londres a Santiago de Chile con once tripulantes,
en agosto de 1947, y desde entonces se lo consideraba desaparecido.
Los tres
siniestros de tráfico aéreo seleccionados,
ocurridos por incendios en pista, fueron el del aeropuerto
de Manchester (9) en 1985 en el cual murieron cincuenta
y cinco de sus 140 ocupantes que no pudieron acceder a la
salida de emergencia por desperfectos mecánicos,
el sucedido a un avión de la fuerza aérea
estadounidense durante un aterrizaje de emergencia en el
aeropuerto de Indianápolis (10), colisiona contra
el edificio del aeropuerto provocando una explosión
que lleva a la muerte a 10 personas y el accidente aéreo
de agosto de 1999 acaecido en Buenos Aires. Ese 31 de agosto,
en el aeropuerto de la Ciudad de Buenos Aires, un avión
de línea aérea LAPA (11) que se dirigía
a Córdoba colisionó y se incendió mientras
se desplazaba por la pista iniciando las maniobras de despegue.
Como resultado perdieron su vida sesenta y cinco personas
y mas de veinte sufrieron heridas diversas.
Los tres
siniestros en naves de pasajeros que revidamos, fueron el
que sufrió el buque canadiense "Noronic"
(12) en septiembre de 1949 cuando súbitamente se
incendió en el puerto de Toronto provocando la muerte
de ciento dieciocho de sus setecientos pasajeros. El incendio,
también en puerto, ocurrido en Singapur (13) en el
año 1978 que llevó a la muerte a setenta y
seis personas y el accidente que transcurrió en el
mar en abril de 1990 cuando un ferry, el Scandinavian Star
(14), se dirigía desde Oslo a Dinamarca. De los 494
pasajeros y tripulantes, perdieron la vida 158.
También,
dos suicidios de masas componen esta selección bibliográfica.
Los mismos fueron protagonizados por sectas religiosas,
uno de ellos en Waco (15) Texas, en 1993, donde setenta
y una personas murieron a causa del fuego y la explosión
que se desencadenó al propagarse éste a proyectiles
almacenados y el otro, inducido por la secta "Solar
Temple" (16) de manera simultánea en dos comarcas
suizas: Cheiri en el cantón de Friburgo y Salvan
en el de Valais. En este último episodio fallecieron
cuarenta y ocho personas en razón del fuego y de
heridas por proyectil de arma de fuego.
Otros tres
desastres de distinto origen que participaron de esta reseña
son: un incendio en un estadio de Bradford (17) Inglaterra,
en marzo de 1985 durante el cual cincuenta personas resultaron
carbonizadas, la colisión en carretera y su posterior
combustión en un autobús de Jaén (18)
España, en 1996 muriendo 28 de los 57 pasajeros y
el vertido accidental de LPG (derivado del gas propano)
desde el vehículo que lo transportaba por carretera
que generó en 1978 el incendio de un camping en Los
Alfaques (19) Valencia, también en España.
Finalmente
se incluyen tres explosiones provocadas por atentados terroristas.
La que dio lugar a la desintegración en vuelo de
un avión con doscientas personas a bordo mientras
sobrevolaba la localidad escocesa de Lockerbie (20) en 1988.
Y las catástrofes provocadas por las dos bombas que
estallaron en la Ciudad de Buenos Aires, destruyendo una
de ellas la Embajada de Israel (21) y la otra la sede de
la Asociación de Mutuales Israelitas Argentinas (AMIA)
(22,23) en julio de 1994.
Una mirada atenta a los contenidos de este cuadro permite
ciertas reflexiones sobre la relación entre características
del desastre, cronología de su ocurrencia y eficiencia
de la labor médico-legal destinada a la identificación.
La mayor
parte de los episodios exhibe un porcentaje de víctimas
identificadas que supera el noventa por ciento y que traduce
-por tanto- una tarea exitosa. Merece también destacarse
que en su mayoría los desastres internacionales reseñados
son catástrofes cerradas en las cuales existen 'listados'
de posibles víctimas. Es razonable pensar que esta
última circunstancia puede estar ligada a una mayor
frecuencia de la publicación de publicaciones exitosas.
El análisis de los métodos de identificación
empleados en las distintas catástrofes, evidencia
que su eficiencia depende de las características
de la tragedia.
Tal el
caso de la técnica dactiloscópica. En los
numerosos países donde no se practica el registro
de las huellas dactilares excepto en los grupos de riesgo,
su aplicación contribuye con la metodología
médico legal fundamentalmente en los casos de siniestros
que afectan a contingentes muy definidos, como el formado
por los militares estadounidenses que fallecieron en el
accidente aéreo de Gander. Por el contrario, dicha
técnica fue la de mayor eficiencia en las dos catástrofes
acaecidas en Argentina en la que pudo ser aplicada, ya que
nuestro país es uno de los pocos que cuenta con un
archivo de las huellas dactiloscópicas de todas las
personas documentadas.
Respecto
al método de identificación por odontología,
no cabe duda de su importancia, en la mayoría de
las tragedias registradas se utilizó con gran éxito
ya sea como único procedimiento o combinado con otros.
Puede advertirse
que en algunas de las catástrofes con alto grado
de fragmentación y carbonización como, entre
otras, el incendio del camping Los Alfanques y la caída
en vuelo sobre Lockerbie, se asignó identificación
a través de pertenencias y reconocimiento, entre
otros métodos.
No es improcedente
preguntarse si la verificación del hallazgo de ciertos
efectos personales descriptos por allegados y el reconocimiento
del cadáver o sus fragmentos son siempre exactos
desde el punto de vista identificatorio.
Podría
surgir otro interrogante y es si la asignación de
identidad promovida por el reconocimiento de efectos personales
puede, en todos los casos, asegurar la individualización
del cadáver o de los restos correspondientes.
Cabe detenerse
sobre la progresiva incorporación de las técnicas
moleculares basadas en la tipificación de ADN a la
identificación en desastres en masas. Comenzaron
a implementarse en 1992 en los casos de fragmentación
severa de los cuerpos con la finalidad de reunificar restos
pertenecientes a un solo individuo y detectar víctimas
fatales no reclamadas. Posteriormente su aplicación
se extendió al reconocimiento de víctimas
reclamadas, colaborando con otras técnicas o como
único procedimiento identificatorio cuando los métodos
tradicionales no podían ser aplicados, alcanzando
cada vez mayor relevancia en situaciones donde la destrucción
de cuerpos y tejidos signa a la tragedia, o donde la carbonización
constituye la causa de muerte predominante.
Las reflexiones
nos llevan a preguntarnos cuál sería entonces,
tomando en consideración todos los recursos metodológicos
que la biomedicina proporciona en nuestros días,
el límite de la exigencia judicial y social sobre
las instituciones médico-legales para que estas asignen
identidad a la absoluta totalidad de las víctimas
fatales de un desastre de masas y cumplan con entregar los
restos pertenecientes al reclamado.
Quizás
las decisiones que surjan de la elección adecuada
de los recursos identificatorios disponibles, de su utilización
integrada y de su correcta interpretación conformen
la conducta médica, que mejor servicio de justicia
contribuya a prestar.
OBJETIVOS
El propósito
que anima el presente trabajo es intentar el acercamiento
de pautas que faciliten las decisiones en cuanto a la entrega
de cadáveres o restos producidos por un desastre
de masas, a partir de la experiencia institucional del Cuerpo
Médico Forense de la Justicia Nacional y de la personal
de los autores ante las cuatro catástrofes ya mencionadas
DESARROLLO
De los
cuatro siniestros presentados en esta investigación,
la explosión de la Asociación de mutuales
Israelitas Argentinas (AMIA) generó la mayor cantidad
de víctimas fatales, 85 en total, seguida por el
incendio de la aeronave de la empresa LAPA, con 65 fallecidos.
Las víctimas de la explosión de la Embajada
de Israel sumaron 23 y 11 las provocadas por el accidente
aéreo en el cerro Tupungato.
Los datos
brindados por las autopsias efectuadas a las víctimas
permitieron la valoración del estado de los cadáveres,
circunstancia decisiva a la hora de seleccionar los métodos
identificatorios.
En los
dos atentados terroristas y en el accidente del cerro Tupungato
hubo un franco predominio de lesiones traumáticas
severas, en el accidente aéreo de LAPA, 85 % de las
víctimas falleció por efectos de la carbonización.
Sin embargo, el efecto de la acción traumática
difirió entre las explosiones por bomba y la tragedia
del cerro Tupungato. En los primeros existió integridad
de los cuerpos de numerosas víctimas, siendo la mayoría
de los restos, partes desprendidas de dichos cuerpos. Por
el contrario, en la última la fragmentación
de los cuerpos fue total.
Las dificultades
de rescate para la recuperación de las víctimas
luego de la explosión de la AMIA generó un
elevado porcentaje de transformación cadavérica
avanzada. También se presentó este fenómeno
en la explosión de la embajada, pero con una incidencia
considerablemente menor. Los restos rescatados del cerro
Tupungato presentaban una consistencia similar a la del
cuero, estado éste atribuible a procesos de momificación.
Las diferencias
observadas entre las catástrofes en relación
al estado de los cuerpos y a los fenómenos de transformación
presentados por los tejidos determinaron que la estrategia
de identificación difiriera en cada una de ellkas,
razón por la cual presentaremos por separado el relato
de los procedimientos identificatorios empleados.
Embajada
de Israel
La explosión
de la Embajada ocasionó veintitres víctimas
fatales, cuyos cuerpos estaban lo suficientemente indemnes
como para ser identificados por las técnicas de reconocimiento,
dactiloscopia y pertenencias.
De entre
los escombros fueron recuperados numerosos restos, los que
fueron trasladados a la Morgue Judicial. Se ignoraba si
el origen de estos restos eran cuerpos de personas fallecidas
ya rescatadas o aún por rescatar. Posteriormente,
la identificación de todas las personas reclamadas
y la falta de otros reclamos avaló la primera hipótesis,
a pesar de lo cual no se podía descartar la existencia
de víctimas no reclamadas en estado de fragmentación
total, ya que no fue encontrado ningún otro cuerpo
parte de los 23 ya mencionados.
La ausencia,
en esos restos, de características que permitiesen
la identificación por las técnicas tradicionales
(dedos, restos odontológicos o de interés
radiológico), imposibilitaban todo intento de individualización.
En esa
época los métodos de identificación
por análisis molecular del ADN estaban poco probados
en Argentina, ya que recién habían comenzado
a emplearse en 1990 en casos de filiación. A pesar
de ello y de no estar incorporadas en la rutina médico
pericial de la identificación identificatoria, se
contempló, por primera vez, la utilización
de dichas metodologías en tejidos cadavéricos
como parte de la actuación médico forense
de la Embajada, para lo cual se solicitó la autorización
del tribunal interviniente.
Esta iniciativa
respondía a la necesidad de iniciar un entrenamiento
médico científico en una técnica de
identificación emergente pero altamente promisoria
e incluía el empleo del ADN nuclear y mitocondrial.
A los fines
propuestos de tomaron, quince días después
de ocurrido el hecho, diez muestras de tejidos cadavéricos
que habían sido seleccionados durante las autopsias
con la finalidad de su examen toxicológico. Siete
pertenecían a restos humanos, y tres a cadáveres.
Dicha selección estuvo guiada por la necesidad de
estudiar diversos tejidos en distintos estados de transformación
aparente. La mayoría de las muestras estaban constituidas
por tejido blando.
Del total
de las muestras procesadas se obtuvieron seis perfiles de
ADN nuclear lo suficientemente completos como para efectuar
comparaciones, y siete patrones mitocondriales también
aptos desde el punto de vista comparativo.
En 1997
apareció una persona que aducía ser hermano
de una víctima del sexo femenino desaparecida en
la tragedia y no identificada. La comparación de
los perfiles de ADN nuclear y mitocondrial obtenidos de
los restos con los pertenecientes al reclamante no evidenciaron
coincidencias que permitiesen determinar la existencia de
vínculo biológico con ninguno de ellos. A
los fines de agotar las posibilidades identificatorias,
en ese año, la Corte Suprema solicitó ampliar
la investigación genética de los restos del
atentado, los cuales habían sido inhumados en 1992
en 12 bolsas de plástico colocadas dentro del ataúd.
Presentaban transformación cadavérica muy
avanzada y deterioro producido por la humedad circundante,
en varios de ellos se observaban signos de carbonización
parcial.
Las bolsas
fueron abiertas y su contenido fotografiado. De cada bolsa
se tomaron dos muestras de material predominantemente óseo,
elegido entre aquel que presentaba mejor estado de conservación
aparente.
El estado
de degradación del material sólo permitió
obtener resultados en el ADN nuclear de una de las muestras.
La mayor sensibilidad del ADN mitocondrial permitió
su secuenciación en nueve muestras. La comparación
entre los nuevos patrones genéticos nucleares y mitocondriales
provenientes del material cadavérico y el perfil
perteneciente al hermano alegado de la víctima reclamada
también excluyó a este del vínculo
biológico en los restos investigados.
La experiencia
relatada constituyó uno de los primeros casos, si
no el primero, donde se empleó en un desastre de
masas la técnica del ADN mitocondrial con fines identificatorios.
AMIA
El atentado
terrorista a la sede de AMIA provocó la muerte de
ochenta y cinco personas. Ochenta y tres de ellas estaban
reclamadas y fueron identificadas en su totalidad. Una fue
reclamada pero nunca fue hallado resto alguno o efecto personal
que permitiera aproximarse a su identificación. La
otra, permaneció en la Morgue Judicial durante mucho
tiempo sin que nadie la reclamara y sin ser identificada.
Se recuperaron
78 cuerpos, cuyo estado permitió la rápida
identificación de 76 por dactiloscopía y reconocimiento
familiar y de otro por reconocimiento y ciertos efectos
personales. El cuerpo restante pertenecía a la víctima
no reclamada.
No se encontró
el cadáver de otras 7 víctimas reclamadas,
6 de las cuales fueron reconocidas a través de restos
corporales.
El alto
grado de fragmentación de los cuerpos generado por
la naturaleza de la explosión, dio lugar a la entrada
en la Morgue Judicial de treinta y cuatro bolsas de restos
humanos. Entre estos restos estaban los que permitieron
la identificación de las seis víctimas.
Dos de
esos fragmentos provenían del miembro superior y
presentaban huellas dactilares, por lo que fueron reconocidos
por dactiloscopía. Un tercero estaba conformado por
parte de la cara y un miembro superior y fue resuelto por
reconocimiento familiar y dactiloscopía.
En un cuarto
caso, la identificación se logró por la implementación
de tres recursos diferentes: odontología, radiología
y dactiloscopía. Uno de los restos con elementos
odontológicos resultó primariamente identificatorio
aunque después, distintos restos de la misma víctima
expresaron su identificación a través de los
métodos de dactiloscopía y radiología.
El resto en cuestión estaba conformado por dos fragmentos
de ambos maxilares que presentaban numerosas concordancias
fuertes con la información premorten y una sola discordancia,
la que posteriormente se verificó como debida a un
error de registro premortem.
El método
radiológico generó la identificación
primaria de un resto constituido por un fragmento de columna
lumbosacra que incluía las dos últimas vértebras
dorsales. Se hallaron diez puntos de coincidencia entre
esta imagen y la información radiológica premortem
de una víctima reclamada. Posteriormente , otro resto
confirmó dactiloscopicamente la muerte de esta persona
en la catástrofe.
El análisis
de ADN se llevó a cabo en 18 de los 78 cadáveres
que ingresaron a la Morgue Judicial, en razón de
que esos eran los que no habían sido identificados
de inmediato por reconocimiento familiar y dactiloscopía
debido a que presentaban alteraciones traumáticas
de las manos.
Ene este
desastre, el diseño de la estrategia identificatoria
determinó que cuando no se verificaran -conjuntamente-
el reconocimiento familiar y la dactiloscopía , se
implementaran los otros recursos metodológicos y
se extrajera muestra para posible estudio de ADN. No obstante,
en los días subsiguientes fue posible concretar por
dactiloscopía la totalidad de las identificaciones
faltantes.
Se practicó
el estudio de los polimorfismos del ADN a cincuenta y seis
de los cincuenta y ocho restos contenidos en las treinta
y cuatro bolsas. A los dos restantes no se les realizó
el estudio porque contenían huellas dactilares que
permitieron una rápida identificación por
dactiloscopía.
Mediante
tipificación de ADN se logró:
a) identificar
por este único medio a una de las víctimas
de quien solo se había rescatado en el momento de
la tragedia, un resto de miembro inferior.
b) reunificar
restos pertenecientes a 7 de los 18 cadáveres mutilados,
de los cuales se habían procesado ya las muestras
para ADN cuando la información dactiloscópica
pudo ser completada.
LAPA
El accidente
de la aeronave de la empresa LAPA generó sesenta
y cinco víctimas fatales. El 90% había fallecido
por carbonización. Sólo un pequeño
número de cadáveres no presentaba lesiones
térmicas o no exhibía quemaduras desfigurantes,
eran los casos cuyo deceso se produjo por traumatismo severo.
Lo antedicho
promovió que los métodos identificatorios
basados en el reconocimiento físico y en la dactiloscopía
tuviesen una aplicación restringida. En un número
escaso de víctimas, el cuerpo fue identificado por
la Prefectura Naval sobre la base de sus pertenencias.
De acuerdo
a la normativa que el Cuerpo Médico Forense impuso
en la oportunidad, fueron citados todos los allegados de
las víctimas a una entrevista dirigida a reunir información
identificatoria y se recolectaron muestras para estudios
genéticos de cada uno de los cuerpos o restos que
ingresaban a la Morgue Judicial. También, según
estas normas, dichas muestras serían utilizadas ante
el fracaso de otros recursos para generar datos que culminaran
en una identificación certera.
La información
odontológica consiste en fichas y radiografías
premorten reunidas a partir de la entrevista de los profesionales
forenses con los allegados o enviados espontáneamente
a la Morgue Judicial, fue ampliada por los peritos odontológicos
a través del contacto telefónico con los profesionales
de cabecera y del interrogatorio con los familiares. En
ciertas situaciones, para aumentar la información
odontológica premortem se recurrió a los antecedentes
específicos referidos por los familiares o allegados.
Esta metodología
se convirtió, inmediatamente, en la principal para
la resolución mas inminente de los problemas de identificación
debido al tipo de lesión predominante en los cadáveres.
A lo largo
de la primera semana fueron identificadas 52 víctimas:
* 39 por
odontología y
* 13 por reconocimiento, dactiloscopía y/o pertenencias
y/o reconocimiento familiar
Restaban
trece cuerpos no individualizados por ninguno de estos métodos,
cifra coincidente en cantidad y sexo con las trece víctimas
reclamadas que hasta el momento no había sido posible
identificar. En ellos se decidió aplicar la metodología
fundamentada en la tipificación de ADN, para lo cual
debieron obtenerse las muestras de sangre de los parientes
biológicos.
Esta determinación
del perfil genético de víctimas y familiares
se efectuó con trece marcadores , es decir analizando
trece fragmentos de ADN. Su comparación permitió
la identificación de 9 de esos 13 cadáveres
no identificados, con índices de paternidad y maternidad
de varios millones, es decir con altísimo grado de
certeza. Con respecto a los cuatro restantes, los familiares
reclamantes fueron excluidos del vínculo biológico
alegado.
Ese resultado
nos inclinó a sospechar que se habían producido
identificaciones cruzadas, por lo cual se decidió
ampliar la investigación genética a todos
los cuerpos, con excepción de los nueve individualizados
por la técnica de ADN y de cuatro cuerpos identificados
inmediatamente por dactiloscopía de los cuales no
se concretó la toma de muestras correspondiente.
Restaban, por lo tanto, 52 víctimas en las que se
centró la segunda etapa de este análisis que
tenía como objetivo confirmar o rectificar la identidad
asignada por los otros métodos identificatorios.
También en este caso fue necesario contar con muestras
de sangre de los familiares de cada una de estas víctimas.
Los familiares
de nueve de las víctimas individualizadas por los
otros métodos no respondieron a la convocatoria para
verificar todas las identificaciones mediante ADN y por
lo tanto no se obtuvo material biológico de los mismos.
Así, los recursos moleculares pudieron ser aplicados
a cuarenta y tres víctimas que, sumadas a las nueve
primariamente identificadas por ADN, llevaron a 52 (86.15%
de los fallecidos) la cifra final de identificaciones genéticas.
La estrategia
preliminar consistió en el empleo de seis marcadores
que proporcionaron resultados en todos los casos y permitieron
avalar la identificación ya establecida anteriormente
para 38 de los 52 cadáveres. Los índices de
paternidad o maternidad fueron superiores a mil (1000) y
la probabilidad de esos vínculos mayor del 99,9%
en todos los casos. Ninguna de las víctimas compartía
con otra las concordancias establecidas con respecto al
grupo de parientes reclamantes. En otras palabras, cada
una de las víctimas demostraba coincidencia con un
solo grupo familiar.
Catorce
víctimas participaban de identificaciones cruzadas
y habían sido entregadas a parientes biológicos
que no eran tales. Nueve de ellas habían sido sometidas
a comparaciones odontológicas. Las otras cinco habían
sido entregadas por las fuerzas de seguridad en base a pertenencias.
En esos catorce cuerpos se intentó amplificar ADN
para cuatro marcadores mas, objetivo que el estado del material
cadavérico permitió lograr en ocho de ellos.
No obstante, los resultados de estos 14 casos aportaron
grados de certeza expresados por índices de progenitores
que sobrepasaban el de mil y probabilidad para dichos vínculos
del 99.9% o superior. En uno de ellos, que coincidía
con una víctima de mayor edad y sin descendencia,
los familiares mas cercanos fueron sus tres hermanas, cuyos
índices de hermandad fueron calculados, demostrando
dos de ellas índices de hermandad superiores a mil
y probabilidades de parentesco superiores a 99.9%.
Como resultado
de interés destacamos algunas circunstancias por
las que atravesó la identificación odontológica.
Sólo
el 24% de las fichas odontológicas premortem estaban
debidamente actualizadas, y a través de esfuerzos
como la complementación de esos datos con la búsqueda
del testimonio personal de los odontólogos tratantes,
el equipo odontológico logró la rápida
identificación y entrega de los cuerpos de las veintinueve
víctimas cuya identidad fue posteriormente ratificada
por las técnicas moleculares.
Sin embargo,
en nueve casos adicionales la aplicación de la técnica
odontológica resultó sumamente problemática,
debiendo ser finamente dilucidada la identidad de esos cuerpos
por los estudios moleculares. Si bien en todos ellos se
dieron circunstancias adversas para la identificación
odontológica, algunos presentaron situaciones especialmente
complicadas, referidas en parte al estado del cadáver
pero fundamentalmente ligadas a deficiencias serias que
afectaban la veracidad de la información premortem.
Cerro
Tupungato - Avión "Star Dust"
Las características
del presente caso, debido a que el material a individualizar
estaba constituido solo por restos humanos, los cuales provenían
de una catástrofe ocurrida cincuenta y tres años
atrás, y que por otra parte habían permanecido
durante todo ese tiempo a la intemperie, hacían imposible
cualquier tipo de reconocimiento físico, dactiloscópico,
odontológico o radiológico.
Por estas
razones, las técnicas aplicadas para la identificación
fueron las únicas posibles en estas circunstancias:
el examen antropológico de los restos y los métodos
de tipificación de ADN.
El procedimiento
de identificación mediante antropología generó
información orientativa sobre seis restos, cuatro
de los cuales habrían pertenecido a adultos del sexo
masculino dos a mujeres también adultas. El listado
de pasajeros del Star-Dust incluía a 11 pasajeros,
dos de ellos mujeres.
El procedimiento
de identificación mediante tipificación de
ADN comprendió el análisis de los fragmentos
cadavéricos rescatados del lugar del accidente y
de la sangre de los parientes biológicos alegados
para su posterior comparación.
A través
del juzgado interviniente, de la Embajada Británica
y del Consulado de Chile en Mendoza, fue posible obtener
veintidós muestras de sangre pertenecientes a familiares
de diez de las víctimas del accidentes.
Dado el
tiempo transcurrido desde el accidente, en un solo caso
se contó con familiares del grupo primario, hijos
de una de las víctimas. En otros dos se trataba de
hermanos. Los familiares de las víctimas restantes
presentaban vínculos de mayor distancia: todos sobrinos
con excepción de un nieto.
Para 4
víctimas del sexo masculino se contaba con familiares
paternos de ese sexo, lo que permitió añadir
al estudio, la investigación de polimorfismos compartidos
en cromosoma Y, que es aquel característico del sexo
masculino.
A su vez,
familiares de otras 4 victimas estaban emparentadas con
estas por la vía materna, circunstancia que da lugar
a la posibilidad de analizar el ADN mitocondrial.
La identificación
en esta catástrofe fue sumamente complicada por la
concurrencia de importantes factores limitantes, tales como
el estado de fragmentación de los cuerpos y las transformaciones
sufridas por los restos, en virtud de la acción del
tiempo y de los eventos climáticos, todo ello agravado
por la escasez de familiares primarios con los cuales comparar
los resultados. Los factores mencionados en primer término,
limitaron a seis los marcadores de ADN nuclear que proporcionaron
resultados en la determinación del perfil genético.
A partir
del análisis de los restos se obtuvieron nueve perfiles,
en seis fue posible determinar su pertenencia al sexo masculino.
Solo un patrón genético aparecía completo
con resultados en seis de los marcadores utilizados. Los
restantes presentaban un número variable de marcadores
con resultados informativos que oscilaba entre 2 y 5.
Cada uno
de los perfiles se comparó con los patrones de todos
los familiares. El análisis matemático se
efectuó calculando por separado para cada pariente
y para cada resto la probabilidad que tenían de que
se verificase, entre ellos, un parentesco como el alegado.
De esta
manera fue posible obtener coeficientes de parentesco en
relación a los diversos patrones genéticos
provenientes de los restos. Sin embargo, estos coeficientes
no aportaron, debido a su bajo valor, la certeza identificatoria
que habitualmente provee la investigación por ADN.
Por esta razón, en base a tales coeficientes no fue
posible atribuir identificaciones fehacientes, sino únicamente
aproximaciones identificatorias.
En virtud
de esta situación y con la finalidad de contar con
mayor información de la que existe en la literatura
sobre la probabilidad de error implícito en la asignación
de estas aproximaciones identificatorias, especialmente
en relación a los parentescos mas alejados, se elaboraron
bases de datos propias. Para ello se emplearon casos de
paternidad y de criminalística procesados en esta
Unidad desde 1992, en los que se hubiesen empleado el mismo
conjunto de marcadores utilizados en la investigación
del accidente. A partir de estos casos se armaron parejas
de personas no emparentadas entre si, para las que se determinaron
el índice de parentesco en el grado tío-sobrino.
Se calcularon en total, 757 índices.
Para los
distintos valores de los índices observados en el
análisis de las víctimas y sus parientes se
determinó la probabilidad de parentesco que dieron
lugar a la asignación de las aproximaciones identificatorias.
El análisis
matemático estadístico efectuado sobre los
distintos patrones genéticos hallados entre los restos
analizados y los perfiles de los familiares reclamantes
permitieron, en definitiva, la asignación de ocho
aproximaciones identificatorias
DISCUSION
Surge con
claridad de la descripción de los procedimientos
de individualización empleados en cada tragedia,
que la estrategia para la identificación de las víctimas
debe ser seleccionada de acuerdo a las características
de la catástrofe. Si bien dicha estrategia puede
y debe ser normatizada también es cierto que las
normas requerirán la flexibilidad necesaria para
adecuarse a circunstancias específicas.
Los dos
atentados terroristas por bombas se caracterizaron por generar
lesiones traumáticas y fragmentación parcial
de los cuerpos, pero con preservación de la mayoría
de ellos en forma tal que el reconocimiento familiar y por
sobre todo la técnica dactiloscópica permitieron
la identificación de la gran mayoría de las
víctimas.
Las huellas
dactilares constituyen una herramienta de excepcional valor
para el reconocimiento tanto de seres vivos como de cadáveres
y restos. A diferencia de todos los demás métodos
de identificación, incluido en el basado en la investigación
del ADN, la dactiloscopía continúa manteniendo
el criterio de absoluta certidumbre. La única limitación
que presenta el método es la necesidad de contar
con registros previos de las huellas, situación que
no se da en Argentina por mantener nuestro país un
archivo dactiloscópico de alcance universal para
todas las personas documentadas.
El estado
de carbonización implica daño y desintegración
tisular severo generadores de deformaciones físicas
de tal magnitud (24) que dificultan en forma importante,
la identificación. En el accidente de la aeronave
de la empresa LAPA, el 90 % de las víctimas presentó
estado de carbonización total, lo que influyó
específicamente en la estrategia de investigación
identificatoria.
La odontología
forense es un método de larga tradición y
probada eficacia entre las técnicas de identificación
empleadas en situaciones de catástrofe, especialmente
en aquellos casos donde predominan la destrucción,
fragmentación y/o carbonización de los cuerpos,
existiendo al respecto una extensa casuística internacional.
La importancia
de contar con información premortem completa y veraz
para efectuar una adecuada identificación odontológica
es resultada por toda la bibliografía que trata sobre
el tema. Así, en el caso del incendio del estadio
de Bradford (17), la falta de datos específicos generó,
en algunos casos, inconsistencia en la evidencia presentada
a las autoridades. De estas emanó como una de las
recomendaciones que cerraron el caso: "la obligatoriedad
para la profesión odontológica de mantener
fichas actualizadas de sus pacientes".
En el desastre
aéreo de Lyon-Strassbourg (6), los investigadores
señalan como una de las conclusiones de la investigación,
que con frecuencia el odontólogo forense debe manejarse
con fichas pre-mortem incompletas y/o conteniendo datos
erróneos, especialmente sobre la posición
de las piezas afectadas.
La obtención
de la información odontológica previa es considerada
como la etapa mas dificultosa del método odontológico
forense en situaciones de catástrofe. Clark (1),
destaca en la ocasión de la identificación
de las víctimas del accidente aéreo Abu Dhabi
que : "la calidad de a identificación odontológica
será similar a la calidad de la información
pre-mortem".
Brannon
y Kessler (25) analizaron cincuenta catástrofes desde
el punto de vista de la individualización odontológica.
En diez de ellas, los autores habían formado parte
del equipo identificatorio, proviniendo los datos de las
cuarenta restantes de la bibliografía publicada entre
los años 1968 y 1996. Entre los problemas presentes
en un gran número de desastres, los autores destacan
la inexistencia o la mala calidad de los registros odontológicos
previos, con contenidos erróneos o incompletos, especialmente
en los concernientes a restauraciones y anormalidades. También
hacen hincapié en el riesgo de error generado por
las largas horas de trabajo y por las demandas externas
para obtener resultados rápidamente.
En el caso
específico del desastre aéreo de LAPA llama
la atención la severidad de los errores contenidos
en algunas de las fichas premortem, ratificados por profesionales
tratantes consultados, así como las definiciones
serias de los datos aportados por familiares convivientes
muy allegados a las víctimas.
Quizá
sería necesario en nuestro país, insistir
en la elaboración de normas oficiales sobre la confección
de la historia clínica odontológica y la manutención
de registros adecuados y actualizados.
En relación
a los datos que brindan los familiares en el momento inmediatamente
posterior al desastre, no deben ser considerados absolutamente
confiables teniendo en cuenta la tensión emocional
severa por la que atraviesan y la necesidad de recuperar
"un cuerpo" para poder iniciar el duelo devenido
de la pérdida.
En virtud
de estas reflexiones y en coincidencia con la mayoría
de las opiniones de los expertos, consideramos que la identificación
odontológica en catástrofes aumenta su confiabilidad
si se toman en cuanta los siguientes criterios:
1- Reunir concordancias suficientes en cantidad y calidad.
Esta condición de concordancia reconoce dos circunstancias:
a)- perfecta concordancia entre las fichas
premortem y postmortem. En este caso la antigüedad
de la ficha odontológica previa no exige límite
y b)- Concordancia parcial entre ambos registros,
siempre que pueda ser atribuible esa parcialidad a fragmentación
de las piezas dentarias en el momento de la muerte o a la
presencia de discordancias relativas atribuibles a intervenciones
odontológicas realizadas con posterioridad a la última
atención consignada en la ficha premortem.
2- El lapso desde la última intervención odontológica
reseñada en la ficha no debe exceder los tres años
en situaciones de concordancia parcial.
3- Los estigmas o intervenciones odontológicas referidos
por personas allegadas, tendrán solo un valor complementario.
4- En la comparación entre la información
premortem y la posmortem, la identificación de cadáveres
o restos debe cumplir los siguientes criterios:
-Presencia de concordancias fuertes.
-No mas de tres discordancias relativas.
-Antigüedad de la ficha premortem no mayor de tres
años.
Cuando estos criterios no se cumplen, se debe complementar
la identificación odontológica con otros métodos
identificatorios.
El análisis
radiológico del aparato osteoarticular destaca como
un método alternativo en estos procesos de identificación.
Su fundamento reside en la escasa probabilidad de que dos
individuos presenten un número significativo de características
óseas similares (26). Entre las áreas esqueléticas
mas informativas se encuentra la columna vertebral que fue
el componente óseo cuya radiología permitió
que una de las víctimas de AMIA fuera identificada
por las concordancias halladas entre un fragmento de columna
vertebral y las radiografías aportadas por sus familiares
reclamantes (22).
Los análisis
de ADN al complementar o reemplazar el empleo de otros recursos
identificatorios con la robustez de diagnóstico que
los caracteriza, representaron una opción de extraordinario
valor para atender la exigencia de la asignación
de identidad a las víctimas de un desastre de masas.
Frente
a una catástrofe provocada por explosivos donde la
fragmentación y el deterioro de los cuerpos es tan
importante que a veces no pueden obtenerse resultados mediante
la utilización de otros recursos identificatorios,
las técnicas de tipificación de ADN proporcionan
posibilidades de individualizar restos humanos irreconocibles
siempre que pueda contarse con parientes biológicos
con los cuáles efectuar las comparaciones necesarias.
En la Argentina,
el estudio de los polimorfismos del ADN con finalidad médico-legal
comenzó a ser realizado a fines del año 1991
en conflictos sobre filiación. En los primeros meses
de 1992 se empleó en restos cadavéricos con
motivo de la explosión ocurrida en la Embajada de
Israel en Buenos Aires en ese año.
La decisión
de aplicar técnicas moleculares en dicho atentado
constituye un hito en la historia de los métodos
de identificación forense en catástrofes en
nuestro país, y representa uno de los primeros intentos
a nivel internacional. La determinación de llevar
a cabo estudios de ADN no estuvo motivada por la solicitud
judicial, ya que no se habían producido reclamos
de personas desaparecidas y esos análisis no formaban
parte, aún, de la rutina pericial.
Fue a iniciativa
del Cuerpo Médico y resultó relevante como
inicio de un entrenamiento institucional científico-forense
que permitió incorporar técnicas con un extenso
espectro de aplicaciones identificatorias.
La catástrofe
de AMIA es uno de los primeros casos en el mundo, junto
con la caída en vuelo de un avión en Mount
Sainte Odile, Francia (6) en el año 1992, según
la referencia en la literatura científica internacional,
en los cuales se utilizó el estudio de ADN en gran
escala frente a un desastre de masas.
La modalidad
de trabajo (22) adoptada para la aplicación de los
estudios de tipificación de ADN, en relación
al caso AMIA estuvo destinada primordialmente a la identificación
de personas. La reunificación de restos humanos con
los cadáveres de los que provenían, fue un
objetivo secundario a que contribuyeron esos estudios.
Cabe recordar
el intenso grado de fragmentación de los cuerpos
en este siniestro y la eficiencia absoluta de dactiloscopía
(26) siempre que fue posible rescatar improntas dactilares.
Sobre la
base de esta circunstancia se optó por la toma de
muestras en todos aquellos cadáveres que no reunieran
dos condiciones imprescindibles: suficiente indemnidad corporal
y dactilar que hiciera posible - de manera conjunta- el
reconocimiento familiar y dactiloscópico.
El ADN
aplicado a la identificación de víctimas fatales
de catástrofes permite: a)- la identificación
de cuerpos muy fragmentados y/o desfigurados; b) la reunificación
de los restos con el cadáver que les dio origen,
c)- la detección de la existencia de víctimas
no reclamadas entre los restos .
Los límites
del método estriban en la calidad y cantidad de ADN
presente en la muestra, en la existencia de parientes biológicos
y en la relación entre ambos factores.
El fuego
y los fenómenos de transformación cadavérica
que a medida que transcurre el tiempo pueden afectar a los
restos humanos, tienden a reducir el ADN apto para este
análisis. En este sentido, las alternativas metodológicas
que se han ido generando, posibilitan la caracterización
de ADN a partir de material biológico sumamente degradado.
Con respecto
a los parentescos, cuanto mas lejano es el vínculo
alegado mayor cantidad de fragmentos de ADN deben resultar
informativos para proveer cálculos de certeza aceptables.
En situaciones
que exigen la identificación de personas desaparecidas,
la presencia de miembros del grupo familiar primario (padres
o hijos) crea las condiciones ideales que aseguran la potencia
del método.
Si bien
el ADN nuclear es el tradicional y universalmente empleado
para la identificación, el ADN mitocondrial, que
habita estructuras de la célula así llamadas
y ubicadas fuera del núcleo celular, también
tiene potencialidad identificatoria, con características
que lo convierten en un último recurso cuando el
material a investigar presenta un estado severo de degradación
o en circunstancias donde sólo se cuenta con familiares
de la línea materna alejados en el vínculo..
Quiénes comparten la herencia materna presentarán
un patrón genético mitocondrial de iguales
características (27).
Simultáneamente
con estas ventajas, la identificación por ADN mitcondrial
adolece de dificultades propias, que merecen ser tenidas
en cuenta en el momento de la interpretación de los
resultados (28, 29).
En el accidente
del cerro Tupungato se recurrió a la antropología
forense en virtud de que las características y antigüedad
de los restos humanos sólo admitían estudios
de ADN que no prometían resultados categóricos,
razón por la cual las técnicas antropológicas
podían ser de importancia al orientar sobre sexo,
edad y otros atributos con expresión ósea.
De hecho, el conocimiento del sexo probable de uno de los
restos informado por antropología fue un factor relevante
en la aproximación identificatoria asignada al mismo.
CONCLUSIONES
Del análisis
de la experiencia institucional y personal que se ha reflejado
e el presente trabajo, surgen enseñanzas que se sintetizan
en las conclusiones destacadas a continuación:
- La estrategia
de identificación empleada frente a las catástrofes
descriptas, si bien mantuvo los mismos objetivos, observó
alternativas metodológicas que respondieron a las
exigencias particulares de cada desastre.
-La evaluación pautada de las lesiones presentes
en las víctimas fatales determinó el diagnóstico
de muerte y contribuyó a esclarecer sus circunstancias.
También pronosticó las dificultades que esas
lesiones ocasionarían al procedimiento identificatorio
y por lo tanto orientó en la jerarquización
de las técnicas de identificación.
-La estrategia de identificación exigió integrar
las distintas metodologías aplicables, teniendo en
cuenta el grado de certeza de cada una de ellas y las dificultades
previsibles en las distintas oportunidades.
- La integración de las distintas alternativas identificatorias
debió abarcar también los resultados de las
metodologías extra médico?legales. Entre ellas,
la dactiloscopía representó un recurso de
la máxima trascendencia por el carácter inapelable
de sus resultados.
- La recolección de la información premortem
ofreció dificultades de índole diversa. El
testimonio de los familiares demostró no ser siempre
confiable. Los datos contenidos en las fichas odontológicas
y aún la información directa proveniente de
los odontólogos tratantes evidenciaron ?en algunos
casos? errores severos.
-La tipificación de ADN resultó de notable
valor por los grados de certeza que proporcionó y
por la adaptabilidad de las distintas técnicas a
las diversas situaciones definidas por la degradación
biológica de las muestras y los parentescos existentes.
-El resguardo que significó la toma generalizada
de muestras con miras a un posible estudio de ADN se puso
en evidencia en el accidente aéreo de LAPA. Sin esta
recolección, la rectificación de las catorce
identificaciones, que este recurso permitió, hubiese
requerido la exhumación de los cadáveres.
-De la experiencia vivida en estas cuatro catástrofes
surgió la necesidad de ajustar la normativa que fije
la certeza de cada método y determine las circunstancias
que imponen la combinación con otras técnicas
a los fines de incrementar en conjunto, el nivel de certidumbre.
- "Hay una muy importante lección después
de esta calamidad: preparación". Esa es la reflexión
final de un experto forense luego de afrontar las adversidades
inherentes a la identificación en un desastre de
masas. En un todo de acuerdo, diseñamos un formulario
que permite el registro sintético de la información
identificatoria existente y guía sobre las alternativas
posibles a seguir para cumplir con la estrategia que mayor
grado de certeza aporte a la asignación de identidad.
Finalizamos
nuestro trabajo adjuntando este formulario.
Ver TABLA
II : FORMULARIO PARA IDENTIFICACIÓN MÉDICO
FOENSE EN CATÁSTROFES (CLICK
AQUÍ)
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